Un perro ladraba en la oscuridad y el viento susurraba entre las hojas de los árboles cuando el testigo de las luces de precalentamiento del motor Indenor del Peugeot 505 se apagó. Con un ligero estremecimiento y tras un giro completo de cigüeñal los pistones cobraron vida, ruidosos mientras las válvulas gemían abriéndose y cerrándose furiosas hasta que el aceite bombeado desde el cárter por fin llegó a la cámara de balancines.
Un bostezo precedido de un “Buenos Dias” me indicó que Daniel Alonso acababa de llegar y una vez más (y van unas pocas veces ya ) me acompañaba en la loca aventura de rescatar un nuevo vehiculo.
A las 5 de la madrugada partimos desde mi pueblo y tras repostar 30 euros de gas oil en una gasolinera cercana nos pusimos en camino con el motor del Peugeot ronroneando alegre delante de nosotros. Nuestro destino: Zaragoza, concretamente el área de servicios de Alfajarin, lugar donde había quedado con Miguel el propietario del Citroen XM de 1990 con motor de gasolina por el cual iba a cambiar el ruidoso Peugeot. Por delante, casi 500kms desde Toledo con varias carreteras pero absolutamente todo el recorrido por autovía, lo cual no debería suponer ningún problema para el tragamillas que es el 505.
Un viaje similar había sido efectuado un año antes pero en sentido inverso cuando trajimos el Peugeot desde Huesca, lugar donde había pasado toda su vida. Tras una breve estancia en tierras de La Mancha volvia a las proximidades de su hogar aunque con distinto dueño.
La A-42 dió paso a la autovía M-50, verdadero cinturón de asfalto que bordea Madrid por su periferia y que permite conectar todas las carreteras radiales a unos 30-40kms del centro de la capital.
La M-50 nos condujo a la A-2 que tomamos a la altura de Torrejón de Ardoz, población antiguamente famosa por su base aérea y hoy convertida en una verdadera ciudad claramente independiente.
Llegando a Guadalajara unas luces azules nos avisaron de la presencia de la Guardia Civil que había establecido un control de alcoholemia en un área de servicio cercana y que obligaban con los conos situados estratégicamente a abandonar la autovía y pasar forzosamente donde una veintena de agentes armados examinaban a los posibles infractores. Con un “Buenas noches, pueden continuar” el agente nos indicó que no iban a pararnos para hacernos el oportuno exámen para comprobar si habíamos bebido algo. Reincorporándome a la autovía volví a acelerar el motor hasta alcanzar la velocidad de crucero de 110 km/h y pronto la ciudad alcarreña de Guadalajara nos dio la bienvenida a la par que bordeándola velozmente la superábamos.
Tengo que reconocer que el Peugeot es un viajero incansable y mientras seguía sin inmutarse la temperatura y el indicador de combustible apenas se había movido un milímetro en su escala yo sentí ganas de hacer una parada técnica mientras Daniel dormitaba en el asiento de la derecha. Pero no quería parar en medio de la nada. Queria buscar un área de servicio próxima a la autovía y que no me supusiera desviarme mucho de la ruta ya que la hora de llegada a Zaragoza y a la cual el seguro del 505 dejaría de tener vigencia y se activaría la póliza para el XM era las 11 de la mañana. Pues bien…hasta pasado Medinaceli no conseguí realizar la tan ansiada parada en las condiciones en las cuales había previsto…
Tras un alivio de vejiga y un humeante café con leche reemprendimos la marcha sabedores de que nos quedaba ya poco para llegar a nuestro destino, lugar al cual llegamos sobre las 10 de la mañana.
A los pocos minutos una afilada y aerodinámica silueta se hizo visible ante nosotros: Acababa de llegar Miguel, el dueño del XM a los mandos del mismo.
Tras los correspondientes saludos, intercambio de documentaciones y llaves y un buen desayuno reemprendimos el regreso a Toledo sobre mediodía. El embrague del XM patinaba pero llevándole con mimo podríamos llegar sin problemas siempre y cuando no fuera en aumento (el patinaje de embrague). El velocímetro no funcionaba (cable suelto o partido) pero tras una comprobación via GPS estimamos que a unas 3800rpm circulábamos a unos 118-119 km/h,claramente por debajo de la velocidad legal. Fijamos la temperatura del climatizador a unos 22 grados y nos dispusimos a deshacer el camino anteriormente hecho al volante del 505 comodamente arrellanados en los butacones de cuero del XM que obediente ronroneaba mientras yo al volante iba enamorándome locamente de las bondades de una buena suspensión hidroneumática. No entiendo como puede no ser obligatoria en absolutamente todos los coches del mercado…la comodidad y seguridad que ofrece el líquido a alta presión nunca podrán superarla todos los amortiguadores convencionales del mundo.
Los kilómetros iban sucediéndose y pronto hubo que hacer una parada técnica para repostar, momento en el cual aproveché para cederle el volante a Daniel y de paso poder descansar un poco ya que llevaba encima más de 700kms. En ese momento me ocurrió una cosa que nunca antes me había ocurrido: Me quedé dormido, aunque no puedo precisar si fue fruto del cansancio o de la comodidad que transmitia el Citroen, el cual, imperturbable se tragaba las irregularidades del asfalto
Me desperté llegando a Guadalajara y tras un viaje sin incidentes aparcamos frente a mi casa a las 15,30 de la tarde.
Aprovechandome de la amistad que me une al maestro de taller del concesionario Citroen de Toledo esta mañana les he llevado el XM para que le echen un ojo al embrague, velocímetro y un par de fallos eléctricos menores que he encontrado en estos dos días. Me ha prometido que en unos días volverá a estar plenamente operativo y espero poder subir a Torrelaguna a su volante.
Un saludo a todos
Paco
